25 DE NOVIEMBRE
Hay días para todos los gustos: de los niños ( a las niñas ya se sabe, no hace falta mencionarlas), de los migrantes, de las personas de edad, de los que sufren discapacidad, de la salud mental, el sida o el cáncer, de la lengua materna, del agua, de la diversidad biológica o la protección de la capa de ozono, del medio ambiente, de la pobreza, de los derechos humanos, de la lucha contra las drogas, de la paz, y como no de la Mujer ( aquí el quien se ha olvidado es el día del Hombre, que por lo que se ve poca falta le hace, digo yo)
Este mes toca el de la Violencia de Género, y este hecho en otras fases de mi vida generaba en mí cierta exasperación a cuenta de quienes a causa del evento y de los consiguientes fastos institucionales de obligatorio cumplimiento, se llenaban la boca de discursos, de palabrería del todo a cien, mil veces copiada y repetida, para repudiar esta lacra intolerable, con la cual, por otra parte, convivían pacíficamente el resto del año.
Quizás todo era porque una esperaba desde su entusiasmo y su ignorancia que el repudio se hiciera crónico, se mantuviera durante los 11 meses que venían después, concretándose en abundantes medidas, a cual más imaginativa y generosa destinadas a la protección de esas mujeres que hacían brotar las lágrimas el día 25, pero no conseguían abrir el bolsillo de determinadas Administraciones
Pero año tras año, lustro tras lustro, las cosas no cambian y la lucha contra la violencia sobre las mujeres es un tema que sólo vende en Noviembre, en campañas que como la de Navidad, cada vez empiezan antes y que mueren de muerte natural en cuanto empiezan las ofertas de Navidad y Reyes.
Sólo algunas asociaciones de mujeres, modestas y maltratadas, mantienen la memoria viva y a lo largo del año mientras que los gobernantes y políticos en general, excepto alguna rarísima excepción que me cuesta recordar, se encuentran ocupados en temas de mucha más hondura que les impiden mantener su interés en un asunto tan efímero y prosaico como defender la vida de las mujeres.
Pero vaya, la que no se consuela es porque no quiere y visto lo visto, es decir la fragilidad de la memoria y la volatilidad de las buenas intenciones que invaden a casi todas en estas fechas, casi es más inteligente ya que no se puede vencer al enemigo unirse a él.
Por eso me desdigo de lo dicho, y casi me reconcilio con la idea de celebrar este día porque gracias a él, la maquinaria mediática, institucional y política se pone en marcha y empieza a escupir, noticias, datos e información que ponen sobre el tapete una cuestión espinosa y compleja de la que todos y todas somos responsables, pero más, mucho más, ellos, los poderes públicos.
Porque gracias a la maldita conmemoración desde principios de este mes, día sí y otro también hay noticias en los periódicos, y no en la sección de sucesos, sobre la violencia que sufren las mujeres. Se multiplican los datos, estadísticas y muestreos que ponen de relieve la extensión de esta terrible realidad. Las instituciones organizan eventos, más o menos acertados, para no quedarse atrás en el forzoso pero no por ello menos sentido rechazo que hay que proclamar en estas fechas. Y los políticos y políticas, inician su dinámica habitual en la que unas salen al ruedo público a hacer las correspondientes declaraciones que ya saben que serán rápidamente replicadas por la parte contraria que se lanzará sobre ellas con la intención de hacer toda la sangre que se pueda. No digo, porque eso sí que no lo diré nunca, que todas ellas, las políticas sean iguales, porque el discurso sobre las mujeres de unas formaciones es mucho más dañino e hipócrita que el de otras, pero sí que el olvido es un fenómeno que todos comparten el resto del año.
Esa desmemoria que nos permite acostumbrarnos y normalizar conductas tan letales como las que protagonizan los hombres que apalean, acuchillan, atropellan, disparan o queman a las mujeres. No es normal, no es tolerable, y deberíamos combatirlo durante todos los años de nuestra vida.

Meneame
del.icio.us
les preocupa consentir un derecho que nadie les obliga a ejercer, pero que están empeñados en negar a quienes no tengan más remedio que hacer uso de él.
País,refleja una situación estúpida de conflictos mal resueltos que puede favorecer situaciones nada esperanzadoras. Dice Vicent:
Denuncia a quien toque a tu hio/a. No juegues con esto ni con aquello. No te la juegues. !Que no juegues, coño! Se creativo que yo te diré como hay que hacerlo.
A estas alturas pocas cosas nos impresionan o nos alteran. Hemos visto y oido tanto que estamos como inmunizados frente a todo, menos a la Gripe A, parece ser (no puedo evitar la manida referencia, por lo harta que me tiene el carnaval que se ha montado que a mi modesto entender no se sustenta más que en el interés de la industria farmaceútica en mejorar sus balances aunque sea a costa de la salud mental de los asustadizos ciudadanos del mundo)
es el asunto número catorce en las preocupaciones de los españoles, pese a que todos los meses se cuenten con los dedos, y desgraciadamente falten dedos, las mujeres asesinadas por quienes se creen sus dueños. Veo también que la sociedad, en la publicidad institucional y en distintas iniciativas cívicas, asume, es verdad que a poco, que esta violencia es un problema de los hombres y que son los hombres los que tienen que resolverlo. 
