CUANDO LA BELLEZA DE LAS PALABRAS ESCONDE UNA MENTIRA QUE CONFUNDE
Esto se refiere a ese power tan bonito, ttan utilizado en charlas y conferencias en las que se habla de igualdad , ése que empieza con una mujer encerrada bajo el burka y habla de las alas de la Humanidad terminando con la mirada implacable de una cría de ojos verdes.
Su texto dice así :
Por cada mujer fuerte, cansada de tener que aparentar debilidad hay un hombre débil cansado de tener que parecer fuerte
Por cada mujer cansada de tener que actuar como una tonta, hay un hombre agobiado por tener que aparentar saberlo todo
Por cada mujer cansada de ser calificada como “hembra emocional” hay un hombre a quien se le ha negado el derecho a llorar y a ser delicado
Por cada mujer catalogada de poco femenina cuando compite hay un hombre que se ve obligado a competir para que no se dude de su masculinidad
Por cada mujer cansada de sentirse un objeto sexual hay un hombre preocupado por aparentar que siempre está dispuesto
Por cada mujer que se siente atada a sus hijos, hay un hombre a quien se le ha negado el placer de la paternidad.
Por cada mujer que no ha tenido acceso a un trabajo o salario satisfactorio hay un hombre que debe asumir la responsabilidad económica de otro ser humano
Por cada mujer que desconoce los mecanismos de un automóvil hay un hombre que no ha aprendido los secretos del arte de cocinar
Por cada mujer que da un paso hacia su propia liberación hay un hombre que redescubre el camino a la libertad
Resulta atractiva esta comparación que visualiza los efectos que los hombres también han padecido a resultas de la imposición patriarcal de los roles tradicionales. De alguna manera nos hermana, despierta nuestra complicidad más solidaria porque la empatía es lo nuestro y nos es fácil entender su dolor y sus carencias.
Pero, mira por donde, cuatro hombres, expertos destacados en feminismos, voces reconocidas de las nuevas masculinidades (Luis Bonino, Daniel Leal, Jose A. Lozoya, y Peter Szil) expresaron su desacuerdo con el texto porque para ellos sólo se hablaba de diferencias y no de desigualdades encubriendo la tremenda diferencia que hay entre ambos conceptos. No adjudicaba a cada protagonista el plus de responsabilidad personal o de coerción despótica que diferencia abiertamente a unos de otras y que debería impedir que fueran categorías comparables. Y así además se invisibilizaba el plus de sufrimiento y subordinación que el modelo tradicional impone a las mujeres.
Presentaron su texto alternativo:
Por cada mujer cansada de tener que aparentar debilidad, hay un hombre que disfruta de protegerla esperando sumisión.
Por cada mujer cansada de tener que actuar como una tonta, hay un hombre que aparenta saberlo todo porque eso le da poder
Por cada mujer cansada de ser calificada de “hembra emocional” hay un hombre que aparenta ser fuerte y frío para mantener sus privilegios.
Por cada mujer catalogada de poco femenina cuando compite hay un hombre al que no le importa pisar a quien sea con tal de ser el primero
Por cada mujer cansada de sentirse un objeto sexual hay un hombre que disfruta utilizando a las mujeres para su placer.
Por cada mujer que se siente atada a sus hijos e hijas, hay un hombre que disfruta teniendo tiempo libre a su costa
Por cada mujer que no ha tenido acceso a un trabajo o salario satisfactorio, hay un hombre que se aprovecha del trabajo gratuito hecho en casa y que no mueve un dedo para reivindicar la igualdad de derechos laborales de la mujer
Por cada mujer que desconoce los mecanismos de un automóvil, hay un hombre que cuando llega en coche a casa tiene mesa y mantel puesto.
Por cada mujer que da un paso hacia su propia liberación hay un hombre que tiene miedo de perder su lugar privilegiado ante ella
Por cada mujer que es víctima de violencia en el hogar, haya un hombre que la ejerce y lo niega presentándose como víctima de las provocaciones o el “abuso psicológico” femeninos, y muchos otros que miran hacia otro lado en un silencio cómplice.
Por cada mujer que confía en que los hombres quieren la plena igualdad de derechos, hay cientos de hombres confiando en que “todo cambie para que todo siga igual”.
Su conclusión, la de estos hombres era: si queremos que todo cambie y desaparezcan las desigualdades, dejémonos de autocomplacencias masculinas y asumamos nuestras responsabilidades.
La mía es: si queremos que todo cambie y desaparezcan las desigualdades, asumamos la solitaria realidad de las mujeres en toda su fealdad con el valor de mirarla de frente , sin desenfocar la imagen y perder de vista el origen del problema .

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