RADICAL Y CABREADO DESACUERDO
Con la educación más exquisita, con la más rotunda delicadeza desde el respeto y la consideración más sincera he de expresar mi profundo, radical y cabreado desacuerdo con las últimas declaraciones del Papa de Roma y también de la Conferencia Episcopal española.
Y quiero dejar constancia de que las consideraciones mencionadas anteriormente, no son por éstos, a quienes no conozco ni aprecio, sino por todas las buenas personas católicas y creyentes a las que sí conozco y aprecio, que por su compromiso religioso forman parte de esa Entidad que es la Iglesia cuyas jerarquías, a mi modo de ver, no se merecen unos fieles tan legales, tan leales y tan lejanos a posicionamientos como los que nos toca ver y oir.
Porque la mayoría de los católicos que conozco defienden la vida y la dignidad de las personas y les debe resultar difícil de tragar que el Papa en Africa, donde viven el 70 % de todas la población mundial infectada por el virus del SIDA, difunda alegremente la enorme y peligrosa mentira de que los preservativos no protegen de la enfermedad boicoteando el trabajo de años de las organizaciones humanitarias y condenando a muerte, una muerte dolorosa y nada digna, por cierto, a miles de personas en nombre de la ignorancia y los prejuicios.
A quienes creen en la justicia, humana y divina, en la protección de los débiles y vulnerables les costará entender que la Iglesia tan lenta y meticulosa para castigar otros delitos, reaccione como un rayo justiciero para excomulgar a la madre y al médico brasileño que hicieron abortar a una niña de 9 años embarazada de gemelos tras la violación de su padrastro (al que por cierto perdonan con alegría porque él no consentía el aborto y eso le convierte al parecer en un leal defensor de la vida)
Los que en su vida actuan respetando la opinión ajena, firmemente instalados en sus principios, pero sin intentar imponerlos, asumirán con dificultad que siendo la ley del aborto, una ley vigente legítima y democrática , la Iglesia española pretenda imponer su manera de entender las cosas a la parte de la sociedad que no cree en ella, ni en sus mandamientos ni en sus castigos. Porque nadie trata de obligar a las buenas mujeres católicas practicantes que interrumpan su embarazo, pero nadie puede negar a las buenas mujeres no católicas y no practicantes su derecho a ser dueñas de su cuerpo y su capacidad reproductiva.
Todos aquellas personas que conocen la compasión y la humanidad, y que se han conmovido ante la cabeza calva del niño que debía morir por una enfermedad que se podía curar, tienen que digerir con dificultad las reacciones de disgusto y condenación de estos hombres de negras batas largas que se molestan porque ha salvado la vida gracias a las células del cordón umbilical de ese bebe, nacido por amor y para poder curar a su hermano.
Quienes dan su limosna cuando van los Domingos a la Iglesia o en la declaración de la renta indican con su cruz que quieren ayudar a la Iglesia a cumplir su sagrada misión, deben esforzarse en buscar las razones por las que estos fondos no se destinan a paliar tanto sufrimiento, tanta pobreza, tanta necesidad como hay en el mundo, en lugar de utilizarlos en pagar vallas publicitarias, donde un guapo niño de 9 meses contra el que nadie en el mundo levantaría un dedo, miente, exigiendo una protección que nadie le niega al lado de un bicho que tampoco es quien dice ser. (Me refiero al lince)
Se puede decir más alto pero no más claro. Y se debería poder discrepar sin necesidad de sufrir condenas y juicios descalificatorios y menos aún sin ser amenazado con castigos eternos, por el delito de pensar diferente.
Porque hasta la Iglesia, en pleno siglo XXI , debería admitir que el mundo es amplio y diverso, que la inteligencia es patrimonio universal o por lo menos no es monopolio de nadie, y que por tanto ya es momento de admitir el sano deporte de la discrepancia y enarbolar la bandera del respeto. Seguro que tras ella, sus seguidores se sentirían más confortados.

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del.icio.us
Imposible no apoyar la campaña de "Las Linces", que somos todas las mujeres que reivindicamos el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y por eso apoyamos una Ley de Aborto respetuosa con nuestros derechos.
deben erradicar
El calendario está lleno de fechas que hay que conmemorar porque son causas que se merecen, por lo menos una vez al año, que el foco las ilumine en
