EUROPA PUEDE HACER MUCHO POR NOSOTRAS
Este Domingo se vota. Pero no elegimos a alcaldes o a concejales, o a Presidentes de Gobierno que son como más interesantes porque su cercanía hace que los suframos o disfrutemos con más intensidad. Elegimos a unas personas que si son elegidas, harán la maleta para instalarse en Bruselas y conformarán un Parlamento, que nos pilla lejos, que habla en otros idiomas y cuya faena no se acaba de entender exactamente.
El europeismo es una asignatura pendiente en las escuelas y en la sociedad en general. Sabemos que cobran unos sueldazos de muerte y que sus condiciones laborales son francamente envidiables, que viajan mucho y son VIPS en los aeropuertos , pero también que hacen cantidad de leyes y directivas, que se pronuncian sobre temas de interés general, que condenan determinadas prácticas injustas, aunque también callan ante otras que deberían reprobar. Y sobre todo somos conscientes, o debemos serlo, de que tienen poder para promocionar programas o eliminarlos, para dar dinero o quitarlo, para fomentar proyectos, para apoyar un mercado o para cargárselo según convenga a los intereses globales europeos.
A pesar de todo lo dicho, por ejemplo en el caso de las mujeres el 46 % de ellas piensa que el Parlamento europeo no tiene nada que ver sus problemas, ni mucho menos con sus intereses. Es una conclusión aparentemente lógica si se mira por ejemplo la escasez de mujeres que ocupan puestos de importancia a esos niveles: ninguna es Presidenta de ningún Banco Central europeo, y solo son 10 las mujeres entre los 27 miembros que forman la Comisión . Y también es cierto que en los últimos 10 años, por cierto de mayoría conservadora, la representación de las mujeres ha subido un mísero 1 %. (como alguien decía: se ve que en toda Europa no hay mujeres inteligentes y capaces para estar en las listas de los partidos)
Pero, sin embargo, Europa puede hacer mucho por nosotras, por nuestro empleo, para facilitar el acceso a él y unas condiciones laborales dignas; por ofrecernos una vida mejor, con medidas de conciliación y recursos sociales que nos permitan una mayor calidad de vida; por nuestra dignidad como personas, con derecho a una vida libre de violencia, siendo dueñas de nuestro cuerpo…
Por eso hay que plantearse que justo el momento de las elecciones es la coyuntura ideal para enviar los mensajes oportunos. Y para eso se requieren dos condiciones: la primera ir a votar, y la segunda votar con fundamento.
Hay que superar aquello del “todos son iguales”, porque no es cierto y aunque personas válidas y deplorables las hay en todas partes, los partidos como tales, defienden en sus programas unos principios que marcan la diferencia. Por eso hay quienes recurren ante los Tribunales leyes como las de Igualdad o contra la Violencia de Género y quienes las promueven. Y también quienes se alían con la Conferencia Episcopal negando a las mujeres el derecho a decidir sobre su maternidad o quienes facilitan el acceso a la píldora del día de después para dar una segunda oportunidad tras el error cometido.
Cada cual que elija, que eso es lo mejor que tiene la democracia. Porque ésta corre el riesgo de irse por el retrete no porque nos toque sufrir políticos corruptos o incapaces, o soberbios o simplemente idiotas sino cuando nosotros, los de a pie, los sufridos votantes tiramos la toalla y el día de las elecciones nos vamos de comunión, o a la playa, o a dormitar todo el día en el sofá, antes de darnos el paseo hasta el colegio electoral.
Cuando la cifra de la abstención gana por goleada, significa que tenemos los políticos que nos merecemos y vivimos la vida que nos hemos buscado. Que no se diga.

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del.icio.us

especialmente irritante es ésta que se nos viene encima del Día de la Madre. Porque es difícil evitar el agobio 