QUIZAS NO SEAN CULPABLES, PERO SI CÓMPLICES
Todos sabemos que el mundo no es perfecto, o por lo menos que deja mucho que desear en muchos aspectos. Que se dice una cosa y se hace la contraria, que se predica con todo menos con el ejemplo porque las palabras son fáciles y obedientes pero los hechos que cambien la realidad son mucho más difíciles y complejos
Ejemplos, a patadas. Pero hoy traigo uno que clama al cielo, por lo que tiene de hipócrita, mentiroso, tramposo y vergonzoso. Es difícil encontrar una persona que justifique la prostitución. Que no siendo un proxeneta sea capaz de argumentar la lacra de la prostitución, que defienda su existencia u opine que es un fenómeno social digno de mantenerse, porque crea que las mujeres que se dedican a esta actividad lo harían igualmente aunque tuvieran otros medios de vida. Está difícil, verdad ? Pero hay una especie de consenso tácito en condenar y mirar a otra parte, en criticar y resignarse a lo inevitable. Con frases tan chungas, como aquella de “el oficio más viejo del mundo” , cualquiera siente que está justificada su tolerancia hacia esta actividad, fruto de la impotencia. Lo malo es que la tolerancia y la resignación que nunca debieran existir se va extendiendo a modo de anestesia general hasta el punto de que va adormeciendo las conciencias hasta extremos preocupantes. Y se consienten hechos que deberían ser avergonzarnos a todos. Me estoy refiriendo a los anuncios de contactos en las páginas de los periódicos más serios de este país. Da igual que sean progresistas, conservadores, gratuitos o de pago. Excepto un par de honrosas excepciones, casi todos dedican un buen puñado de páginas a publicar cientos de mensajes cuya lectura debería hacernos enrojecer ya no por su contenido, que se las trae, sino porque su publicación sea permitida. Ya aviso de que éste es un rasgo peculiar de este país porque en otros la prensa llamada seria, excluye a estos anunciantes de sus páginas, teniendo claro que no es lo mismo anunciarse para vender un coche, que para vender a una mujer. Porque a ver que son en el fondo estos anuncios. Ni más ni menos que mensajes a potenciales compradores que explicitan los méritos del producto vendido. Un producto, las mujeres, que no tienen alma ni corazón, sino solo una conformación anatómica que las hace útiles para la función que ofrecen. Reducir a una persona, sea mujer u hombre, a carne fresca es un crimen que nadie debería consentir. Fomentar aunque sólo sea con su difusión un negocio tras el que se esconde tanta miseria humana, debería ser un delito castigado sino por el Código penal, por un férreo código social que penalizara tanta hipocresía . Y la única razón por la que se hace, no nos engañemos, se llama dinero. Los ingresos que los medios de comunicación perciben son importantes, y ya se sabe, que todavía no se ha descubierto mejor incentivo que el dinero a la hora de tomar decisiones importantes. Así que algunas Asociaciones de Mujeres han iniciado una campaña que pretende por lo menos sacar los colores de estos patrones honoríficos y han presentado a la Asociación de Prensa un escrito reclamando la desaparición de estos anuncios. Posiblemente no servirá de mucho, como no sirvió la recomendación hecha en su día por una Comisión mixta Congreso-Senado sobre los Derechos de la Mujer.
O quizás sí, porque si es cierto que el camino se inicia con el primer paso, ya es hora de que alguien empiece a andarlo , aunque sólo sea para sentir que no se es cómplice ni de los que venden carne, ni de los que compran cuerpos.

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