ENSEÑAR A SER PERSONAS
Tras el análisis de cualquiera de los conflictos sociales y personales que preocupan a cualquier persona, casi siempre llegamos a la conclusión de que la solución es la educación
:Educación contra la violencia, contra la xenofobia, contra el maltrato a las mujeres… Educación para evitar la conducción imprudente, el consumo de drogas, los trastornos de alimentación, el deterioro medioambiental….Educación para fomentar el respeto, la autonomía, la libertad….
Y sucede que cuando se programa una asignatura que garantiza que todos esos contenidos tengan su tiempo y espacio en los centros educativos para ser trabajados con seriedad de forma rigurosa y evaluable, se genera una resistencia numantina que proclama su absoluto rechazo a la transmisión de esos valores, ante el temor de que entren en contradicción con los suyos propios.
Tan difícil es, para algunos, reconocer las premisas que permiten la convivencia pacífica y el progreso colectivo?
Tan difícil es consensuar los principios y valores que todos y cada uno decimos respetar, independientemente de religiones e ideologías?
Va a resultar que hay quienes no se creen todo lo que dicen creer y por eso no querían que se enseñara en las escuelas?
Desde el Tribunal Supremo se ha llamado a las cosas por su nombre: las familias tienen todo el derecho a transmitir sus propias creencias, pero esto no exime a la sociedad de la obligación y el derecho de enseñar las reglas del juego social, fijadas por la Constitución, asi como la forma en que nos organizamos para convivir en libertad.

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