marvicent75@hotmail.com @ 20:02
Quienes rondan los cuarenta lo intuyen, pero con los 50 se sufre en todo su esplendor. Con ese cumpleaños las mujeres reciben alto y claro el mensaje de que por imposición social,
deben erradicar sin posibilidad de discusión o conato de rebeldía la aspiración de disfrutar de una vida sexual plena, sana y satisfactoria.
En una sociedad que sobrevalora los cuerpos perfectos asociándolos al triunfo y al placer, llegado el momento en que la ley de la gravedad y otras alteraciones morfológicas se imponen sin ningún tipo de restricciones, muchas mujeres sienten que su vida sexual ha terminado definitivamente.
Y todo se agrava ante los anuncios del climaterio y la menopausia que convierten esta fase en una enfermedad crónica que hay que tratar con medicamentos so pena de que la mujer enloquezca y pierda el poco sentido común con el que ha vivido hasta ahora.
Sin embargo, como siempre, hay otras formas de afrontar la situación, que no el problema. Otras miradas, otros análisis, que no nos convierten en hembras inútiles y asexuadas como por ejemplo el que se resume en la frase de Naomi Wolf cuando dice que borrar los años de la cara de una mujer es borrar su identidad , su poder y su historia.
A los 50 las mujeres ya no se sienten tan oprimidas por la religión y la sociedad, y eso permite en muchos casos que el deseo de las mujeres aumente, incluso en mayor medida que el de los hombres. A los 50 las mujeres, tienen los vástagos crecidos, la situación económica estabilizada y el tema laboral cerrado, con más o menos fortuna.
A los 50 las mujeres han aprendido a distinguir lo importante de lo accesorio, lo urgente de lo necesario. Ya no hay prisas, ni necesidad de engañar. Los engaños y fingimientos son inútiles y superfluos. El sacrificio no tiene sentido y el cansancio ya no es a jornada completa. Sabemos elegir y rechazar. No tenemos nada que demostrar.
Por el contrario lo que prima, cuando en la carrera hemos llegado a este punto, solventando todos los obstáculos, es darnos el premio que nos merecemos. En todos y cada uno de los sentidos .Y no se trata de autocomplacencia, ni de soberbia, sino de elegir cómo, cuando y con quien, formas y frecuencias, actitudes necesarias y aptitudes ineludibles, desde la más completa libertad y ausencia de complejos.
Solo se trata de reconocernos en el espejo y admitir sin complejos que hemos vivido lo suficiente para llegar a los 50, 60 u 80 con una tableta de chocolate, una copa de vino en la otra mano, quizás la tarjeta de un sex-shop en la cartera, y diciendo: menudo viajeeeeeeeeeee!
( para mi amiga Isabel I, a la que debía este escrito desde hace mucho tiempo)